La verdadera historia de la vuelta al cole

Vuelves de vacaciones, después de lo que supone pasar las vacaciones por tres países diferentes con un niño de tres años y un bebé de 10 meses que pesa como dos bolsas de la compra mal cogidas.


Te hinchas a poner lavadoras, planchas, clasificar ropa, verano, entretiempo, invierno... Mientras, aparecen mapas, entradas, billetes de avión y demás recuerdos que fuiste acumulando con emoción en vacaciones y ahora se han convertido en un trasto más para guardar. 
A la lucha con la casa, se le suma la vuelta al trabajo, ese primer día torpe, donde no das con pie con bola, y piensas, por qué no cogí una semana más de vacaciones! Este pensamiento te recuerda que esa semana la dejaste para la vuelta al cole de los niños. JA!
El periodo de adaptación, para las que no tenéis hijos, consiste en ir ampliando el horario del niño cada día, hasta que haga un día completo, y así facilitarle su incorporación (lo bien que me habría venido a mi algo así en el trabajo). 
Deja de ser bonito para convertirse en locura cuando tienes que hacer dos adaptaciones, una por cada niño, y en dos centros diferentes, porque el mayor empieza el colegio. El día que empieza el pequeño, tengo reunión de padres en el cole del mayor, así que te rompes la cabeza para cuadrar horarios con los de vecinas, amigas y querido esposo, para que los niños no anden sueltos por las calles del pueblo.
Entonces vas a la reunión y allí te rematan del todo. Me vais a permitir que me parta, me monde y me tronche, que diría mi hijo, haciendo los gestos descriptivos de cada acción. SOY MADRE, rigurosamente inscrita en el Club de Malasmadres, o lo que viene siendo una madre auténtica, que digo yo. De las que van corriendo a todas partes, llevan restos de babas y/o mocos en la ropa, y hablan solas por la calle. 
Pero detrás de esa imagen de mujer desquiciada, hay una persona de un cierto nivel, criar niños, llevar una casa y trabajar al mismo tiempo, no es moco de pavo. Por eso me sorprendo cuando en las reuniones de padres la gente hace preguntas a las que sólo puede seguirles el silencio más absoluto... Cri, cri, cri... (Un grillo). Ya os comenté una en Facebook, pero necesito soltar todo lo que escuchan mis oídos en los últimos tiempos con respuestas que me hubiera gustado dar. 

- el baby se queda en clase de lunes a viernes. "Pero si el niño se tira toda la comida por encima, no nos lo podemos llevar para lavarlo??" No, su hijo será el pringao de la semana.
- es preferible que lleven zapatillas con belcros, para que sean autónomos. "Y si un día lleva zapatillas con cordones??" Le dejaremos los cordones desatados hasta que se estampe.
- la puerta de la escuela tiene que estar cerrada para evitar que se escapen los niños. "Y si va a entrar alguien detrás de mi??" Le das con la puerta en las narices, y le sacas la lengua.
- los niños llevarán una botella de agua los lunes y se tirará los viernes. "Y si al niño se le acaba el agua al segundo día?" Su hijo tendrá mucha sed hasta el lunes siguiente.

Pero que nadie se me ofenda, todo es producto de los nervios. Yo misma creo que no llego a hacer preguntas de ese tipo directamente porque desconecto de la realidad con cierta frecuencia. El paso de una mosca es suficiente para pensar en algo, que me lleva otro algo y así sucesivamente, encadenando pensamientos, hasta que uno de ellos me devuelve a la realidad, 10 minutos después. La vuelta al cole es dura, preparar los materiales, revisar las ropas que sobrevivieron al curso anterior, hacer compras de todo lo que falta, hacerles las fotos de todos los tamaños existentes en el mercado...  Todo esto sin dejar de trabajar, en el mejor de los casos, porque algunas guardamos días de vacaciones para disfrutar de estos preparativos en familia, qué mayor placer hay en la vida que hacer esto con los niños colgados del cuello todo el día! Y no olvidemos el lado emocional del asunto, el primer año de colegio de mi hijo mayor!! el día de la reunión no paraba de imaginarme a mi pequeño en esos espacios tan grandes, lleno de niños grandes, con gente grande... menos mal que él para compensarme, el primer día entró cantando a su clase :)

Así que, en cierto modo, entiendo que cuando llega ese plácido momento de tener una reunión en el cole, sin niños, tus neuronas se relajen tanto que nos des pie con bola y preguntes cosas de respuesta más que evidente, o no?

Alguna perla que hayáis escuchado recientemente?

Feliz día!!

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